¿Cómo se consagra un templo?

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En los libros litúrgicos la consagración de un templo a la oración se encuentra específicamente en la Dedicación, término que es más adecuado ya que solamente se consagra a Nuestro Señor Jesucristo los altares de las iglesias, y ello se hace a partir del momento en que el templo se dedica a Él para siempre. Así, el Santo Padre iniciará a las 10 horas del mañana del día 7 de noviembre el acto de la Dedicación, en el que todos sus gestos tendrán un significado espiritual y concreto. Hasta llegar a la celebración de la Eucaristía que todos conocemos, veremos en primer lugar como un grupo de delegados que han participado en la edificación del templo le ofrecerán a SS Benedicto XVI la iglesia, a continuación el Santo Padre bendecirá el agua y con ella aspergerá el pueblo y después las paredes y el altar.

Proseguirá la proclamación de las lecturas y a continuación el Santo Padre hará la homilía. Seguirá la profesión de fe y el canto de las letanías de los Santos. A partir de ese momento comenzará específicamente la celebración de la Dedicación. Se colocarán las reliquias de algunos santos y se rezará una oración de Dedicación; con ella se manifestará el propósito de dedicar la iglesia al Señor por lo que se le pedirá su bendición. A continuación tendrá lugar la unción del altar y de las paredes de la iglesia. El altar se convertirá en símbolo de Cristo y la unción significará que la iglesia se dedicará completamente y para siempre al culto cristiano.

Se hará la incensación que indica que la nave de la iglesia, por la dedicación, se convierte en casa de oración. Seguidamente se recubrirá el altar con los manteles cosa que indica que es la mesa del Señor, se adornará como para una fiesta y un banquete en el que los fieles toman el alimento divino. Y ya, por fin, se producirá la iluminación del altar seguida de la iluminación de la iglesia que recuerda que "Cristo es la Luz que se revela a las naciones". Así se llegará al punto en el que el Santo Padre celebrará la Eucaristía, juntamente con 1100 celebrantes, entre obispos y sacerdotes presentes. Esta es la parte más antigua y la más importante de todo el acto, ya que la Eucaristía consagra el altar y el lugar de la celebración.


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