Déjate...

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sacerdote

Recuerdo con agradecimiento las palabras de un buen cura ya entrado en años que me dijo a mí, cuándo sólo hacía un mes que me habían ordenado sacerdote: "Déjate querer, déjate engañar y déjate fastidiar". Y me explicaba que lo importante de esta frase está en la palabra: "déjate". No en que te engañen o te molesten, sino en que tú, sabiéndolo, te lo dejes hacer.

No siempre es fácil aplicar esta frase, pero reconozco que me ha ayudado muchas veces a conservar las relaciones humanas con muchas personas y grupos. A conservar también la ecuanimidad en momentos difíciles y, sobre todo, a conservar la paz dentro de mí.

Dejarte querer, engañar e importunar es, quizás, una concreción de querer amar a las personas. De querer más conservar la amistad y la buena relación que imponer tu manera de ver las cosas.

No podemos decir que sea una regla a aplicar en todas las circunstancias pero estoy convencido que, algunas veces, iría bien recordar esta frase para hacer más fácil la relación dentro de la familia o con nuestras amistades, o con el vecindario.

No siempre es oportuno, ni caritativo ir directo a "decir las verdades" (que sólo muestran nuestras verdades). A veces el dejarte querer, dejarte engañar y dejarte importunar, arregla muchas más cosas.

Pienso que el Señor también lo hace con nosotros.


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